MARÍA WARD
Fundadora del Instituto de la Bienaventurada Virgen María
Mary Ward era oriunda de una antigua familia de la nobleza rural del Yorkshire que había permanecido fiel a la fe católica. Nació el 23 de Enero de 1585 en Mulwith, cerca de Ripon/ Yorkshire. La vida de la hija mayor de Marmaduke Ward y de su esposa Ursula queda más o menos enmarcada por la ejecución de dos miembros de la realeza:
1587 - María tenía dos años - fue ajusticiada María Estuardo, y cuatro años después de la muerte de María, en 1649, fue decapitado el rey Carlos 1. A pesar del cruel destino que tuvo que soportar, la disposición interior de María casi nunca llegó a alcanzar una nota trágica.
Los años juveniles
Durante su infancia y juventud, y con su espíritu despierto, presenció la persecución de los católicos de su patria por parte de la Iglesia anglicana. Bien pronto descubrió la escala de valores que resultaría vinculante a lo largo de su vida. Por la fe ningún sacrificio era excesivo, bien se tratara de posesiones, de la propia libertad personal, o de la vida misma. Vio de cerca a los intrépidos misioneros, probablemente fue también testigo de registros domiciliarios y vio cómo tenían que esconderse sacerdotes y objetos sagrados. Escuchaba relatos sobre los mártires que daban su vida. En este tiempo tan duro fue creciendo María. La impronta marcada por la familia, la patria y la fe la acompañaron a lo largo de toda su vida.
No fue una niña mimada. De sus primeros veinte años, sólo alrededor de siete u ocho pudo vivirlos en su propia familia, ya que los padres cambiaron a menudo su residencia a fin de eludir las multas que de otro modo hubieran tenido que pagar. De los cinco a los diez años permaneció junto a los abuelos maternos al este del Yorksihre, en la hacienda de Ploughland Hall, cerca de Welwick. Marmaduke Ward llevó a su hija nuevamente a casa. Poco después se declaró un incendio en la casa paterna, en Mulwith. En medio del edificio en llamas, María junto con sus hermanas imploró el auxilio de Nuestra Señora. El padre salvó a sus tres hijas; la casa quedó reducida a cenizas. Dos años más tarde María fue conducida a la solitaria casa señorial de Harewell, donde vivía una lejana pariente suya. Allí se preparó para recibir la primera comunión. Y allí llegó, presuntamente de su padre, la orden de que tenía que dar su consentimiento para un matrimonio en lugar de recibir la comunión. Esto produjo una crisis en María. Sólo después de adoptar la resolución de recibir la comunión recobró la paz interior. A sus trece años era capaz de adoptar sus propias decisiones.